Ahora toca hablar de cómo lo hacen. De los mecanismos exactos que han permitido a la ultraderecha ganar tanta influencia entre los jóvenes. Y hay cuatro que son clave.
Primero: el algoritmo. Las redes sociales están diseñadas para el consumo masivo. Das un like a un contenido, aunque sea mínimo, y la máquina empieza a escupirte cada vez más material relacionado. Para la ultraderecha, esto es oro puro: su contenido no pasa por ningún filtro editorial serio, se viraliza sin control y, poco a poco, el usuario pierde la capacidad de distinguir la mentira de la verdad. El algoritmo no te radicaliza de golpe; te cocina a fuego lento.
Segundo: los memes. Sí, esos memes que a todos nos encantan —a mí incluido—. Pero convertir una ideología política en meme tiene un efecto perverso: transmite una idea nociva mientras te permite excusarte del racismo y el odio que estás difundiendo con la coartada del "humor negro". La normalización llega a niveles grotescos. Hace unos meses se hizo viral uno que decía "entrenando por si ella me dice que no", con un chico destrozando a puñetazos sacos de boxeo y arrancando cabezas a maniquíes. Y yo, sinceramente, no le veo ni la más mínima gracia. O, en un lenguaje más coloquial: ni puta gracia.
Tercero: la simplicidad. Como decíamos en el post anterior, cuando algo va mal a gran escala, lo más fácil es buscar un culpable —o un grupo de ellos— en lugar de asumir el problema real. La ultraderecha vende supuestas soluciones simples que, en realidad, no funcionan. A veces ni siquiera se aplican. Son mentiras diseñadas para conseguir votos, no políticas para resolver vidas.
Cuarto: la cámara de eco. Un joven que se siente aislado, invalidado y asustado busca rodearse de gente como él, con su misma ideología. Y ahí se cierra la trampa: su discurso se refleja, se aplaude, se alimenta en bucle, una y otra vez. Habla, el eco le devuelve su propia voz amplificada, se siente validado, y sigue sin parar. Sin que nadie, en ningún momento, le diga que eso que cree no es verdad. O que hay algo profundamente mal en ello.
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